Primer tomo de cartas de Rodoreda evoca el exilio y su formación novelística

El primer volumen de la correspondencia de la escritora Mercè Rodoreda, que reúne un total de 226 cartas a personajes como Josep Tarradellas, Josep Carner o Carles Riba, evoca “la dureza de los años de exilio en Francia y su formación novelística”, según ha señalado hoy su editora, Carme Arnau.

“Cartes de guerra i d’exili (1934-1960)”, publicado por la Fundación Mercè Rodoreda en colaboración con el Institut d’Estudis Catalans (IEC), es el quinto volumen de las Obras Completas de la autora barcelonesa.

En un momento en el que los epistolarios se valoran de una manera particular y se editan con profusión, Arnau considera que “estas cartas explican algunas de las razones por las que Mercè Rodoreda está considera una autora fundamental”.

La especialista y editora de la correspondencia se ha encontrado muchas cartas escritas a mano, lo que no deja de ser “un retrato íntimo a través de la letra”, una experiencia que en la actualidad se está perdiendo pues “nadie escribe hoy a mano”.

Según Arnau, “a través de las 226 cartas se puede seguir no sólo su vida de novelista, sino también la de sus corresponsales”, como Carles Riba (26), Agustí Bartra (1), Josep Carner (26), Joan Puig i Ferreter (8), Josep Tarradellas (13), Carles Pi i Sunyer (3) o Jaume Miravitlles (3); y en el apéndice se han incluido además dos misivas a Lluís Companys, entonces presidente de la Generalitat.

El primer volumen de la correspondencia se estructura en dos períodos cronológicos: 1934-1946 y 1946-1960.

En el primer apartado, presidido por la Segunda Guerra Mundial, subraya la editora, se refleja “un tiempo de honda soledad” en el que la correspondencia resulta “un artículo de primera necesidad que propicia confesiones”.

Las cartas transpiran el estado de ánimo de Rodoreda, que se nota en su grafía, e incluso, cuando son mecanografiadas, denotan también su estado de salud, “sin fuerzas para poder escribir a mano”.

Estos primeros años son “difíciles, de angustia y de precariedad” para Rodoreda, “una dura y profunda experiencia de vida que la marcan como mujer y posteriormente como escritora”.

Arnau asegura que “tal como demuestran las cartas, toda su producción es deudora de estos años de dificultades y penurias”, desde el volumen de cuentos “Vint-i-dos contes” (1958) hasta “Quanta, quanta guerra…” (1980), y de manera especial en “La plaça del Diamant” (1962).

Su vida está marcada en los primeros años del exilio por “la historia en mayúsculas”, como documentan las misivas escritas desde Roissy-en-Brie, Limoges y Burdeos hasta 1945, que “denotan una incertidumbre sobre el futuro y el miedo por el presente”.

Rodoreda forma parte de las filas de miles de personas que huyen de París hacia el sur cuando los nazis entran en la capital francesa; vive la tragedia de los campos de exterminio a partir de sus amigas judías -que reflejara en el cuento concentracionario “Nit i boira” – y los “años de miseria negra, en los que se gana la vida trabajando como cosedora”.

Aunque ella quería escribir novela, las condiciones de vida y la falta de tiempo le llevan a escribir cuentos, apunta Arnau.

En el segundo período, ya acabada la guerra mundial, Rodoreda vuelve a París, que elogia por sus “múltiples alicientes”, y donde observa con inquietud la huella que dejan escritores como Sartre o Camus. “De hecho, en una carta a Puig i Ferreter hace ver que ha conocido a Camus y que está traduciendo una novela suya”.

En París reconoce las figuras de Picasso y Miró, a los que imita en sus pinturas, hasta el punto de que en las cartas la propia Rodoreda confiesa que ha encontrado su estilo y su mundo en el arte.

Arnau va más lejos y cree que “Rodoreda también encuentra su mundo y su estilo en relación con la escritura”, pues “esta etapa de París fue el período clave de su formación, fue su universidad”.

Entre 1954 y 1960, cuando se instala con su pareja, Joan Prat, conocido por el seudónimo de Armand Obiols -se incluyen 33 cartas dirigidas a él-, Rodoreda inicia su creación novelística.

Esa última correspondencia en la etapa ginebrina muestra además sus primeras relaciones con el mundo editorial catalán: “El exilio, en cierto sentido, se acaba y entonces se puede volcar finalmente en la escritura, su vocación más profunda, una carrera que la convertirá en la escritora más importante de la literatura catalana”.

En la actualidad, la Fundación Rodoreda trabaja en el segundo volumen de las “Cartas”, que corresponden a los años 1961-1983.