Miles de personas protestan en todo Brasil contra las reformas del Gobierno

Miles de personas salieron hoy a las calles de Brasil, convocadas por sindicatos y movimientos sociales, para protestar contra el ajuste fiscal puesto en marcha por el Gobierno del presidente Michel Temer.

Su principal motivo de queja es la propuesta de reforma de la ley de pensiones y jubilaciones.

Las manifestaciones se produjeron en las capitales de los 26 estados del país y el Distrito Federal, sin que se registrasen incidentes de importancia.

En Sao Paulo, la mayor ciudad del país, la céntrica Avenida Paulista volvió a ser el epicentro de las concentraciones, que también tuvieron lugar en las plazas de Patriarca y República, en el centro de la metrópoli.

El Museo de Arte de Sao Paulo (MASP), en el corazón de la urbe, congregó a unas 70.000 personas, según los organizadores, que marcharon con carteles en protesta contra las reformas propuestas por el Gobierno de Temer.

El diputado Arlindo Chinaglia, del opositor Partido de los Trabajadores (PT), dijo a Efe que “mucha gente comenzó a reflexionar sobre (las elecciones de) 2018. Pero creo que nosotros debemos concentrar nuestras energías ahora para evitar pérdidas de derechos en este momento”.

En el mismo sentido, el también diputado Iván Valente, del izquierdista Partido del Socialismo y la Libertad (PSOL), comentó a Efe que “la indignación popular crece, principalmente con la reforma de la previsión social”.

No obstante, Valente apuntó que “la ‘tercerización’ (subcontratación) que promueve la reforma laboral indigna igualmente al pueblo, porque no quiere la destrucción de sus derechos”.

“Nosotros estamos en la calle por la ética en la política, para derrotar a este Gobierno de coalición, fisiológico, ‘clientelista’, corrupto y antipopular”, añadió el diputado paulista.

Desde tempranas horas de la mañana algunos puntos de la ciudad fueron bloqueados por manifestantes, que impidieron la circulación de vehículos.

En diálogo con Efe, el juez del Tribunal del Trabajo y profesor del Centro Preparatorio Jurídico (CPJUR) Mauricio Simões señaló que la clase trabajadora de entre 25 y 50 años de edad se quedó “sin una regla” y que con la alteración de la expectativa de vida de los brasileños el país está en una balanza desnivelada.

“Nadie tendrá tope de previsión social y el impacto para la sociedad es la regresión de sus derechos sociales, aunque sea necesaria, sí, una reforma”, pero de otra manera, apuntó.

Para Simões, la “‘tercerización’ es un factor pero (la reforma de) la previsión social pues ya fue aprobada en el Congreso y eso es una precarización máxima del trabajo”.

En Río de Janeiro, la segunda mayor ciudad brasileña, cerca de 15.000 manifestantes, según los organizadores, se concentraron en la céntrica Avenida Rio Branco y caminaron hasta la histórica plaza de Cinelandia, con pancartas en contra de la subcontratación y del proyecto de reforma en las pensiones que pretende impulsar la administración Temer.

Algunos manifestantes en Río iban con pancartas en las que mostraban fotos con los parlamentarios del estado que votaron a favor de subcontratar los servicios en el Congreso Nacional, a los que tildaron de “traidores de los trabajadores”.

En otras ciudades como Brasilia, la capital del país, Belo Horizonte, Porto Alegre, Recife, Salvador y Fortaleza también hubo manifestaciones, con menor participación.

La polémica reforma de las pensiones fue presentada al Legislativo en diciembre pasado y propone al menos 25 años cotizados y una edad mínima de 65 años para acceder a los beneficios de la jubilación.

Otro motivo importante de queja es el proyecto de ley que permite a las compañías subcontratar la mano de obra, es decir contratar a terceras empresas para realizar determinadas tareas.

El Gobierno de Temer considera prioritario aprobar las reformas para poder salir de la grave crisis económica que atraviesa Brasil, con caídas del Producto Interior Bruto (PIB) en los dos últimos años por encima del tres por ciento.

Ello ha provocado la quiebra en algunos de los estados más importantes del país, como Río de Janeiro, y una cifra récord de desempleo que supera los 13 millones de personas.