Los premios Platino unen fuerzas en un discurso contra La Manada, los cárteles y la transfobia

Hace apenas unos días, tres estudiantes de cine morían disueltos en ácido por el cartel de Jalisco a unos kilómetros de distancia de donde hoy se han celebrado los premios Platino. El desconocimiento de este asesinato al otro lado del Atlántico es una muestra elocuente y generalizada de la brecha que nos separa de Latinoamérica y que alcanza a cualquier aspecto político y cultural, incluida su cinematografía.

Los estrenos latinoamericanos representan un exiguo 2% de la taquilla española, y esto es lo que intentan remediar por quinto año consecutivo los Platino. “Es increíble que compartamos el mismo idioma, y que desconozcamos hasta tal punto nuestros cines”, ha dicho el presentador de la gala, Eugenio Derbez, en el anfiteatro de Riviera Maya. 

Bajo el mantra de tender puentes, estos galardones se han consolidado en un tiempo récord como la mayor reivindicación del cine de habla hispana y portuguesa hasta la fecha. “Somos hermanos de lugares diferentes; no queremos muros ni en la tierra ni en las mentes”, han rimado los raperos Aczino (México) y Arkano en representación del carácter pacifista de la gala.

Caben muchas reivindicaciones en una sala que da voz a 23 países, para empezar las de la película que ha arrasado en esta quinta edición: Una mujer fantástica. Con la Ley de identidad de género pendiente de un hilo en Chile, la actriz y el director de la película (líderes en sus respectivas categorías) han recordado la necesidad de reflejar un abanico de distintas sexualidades sobre la pantalla.

“Espero haber proyectado una luz que genere conciencia en el espectador, que esa conciencia se pueda convertir en acción y esa acción en cambio. Es un poder muy grande y una responsabilidad preciosa”, ha dicho Sebastián Lelio sobre el escenario del parque Xcaret con su cuarta estatuilla plateada entre las manos (por guion, por montaje, por dirección y por película). La quinta ha recaído en la estrella indiscutible de la temporada de premios: Daniela Vega, quien también ha lanzado el alegato más poderoso de la noche por la igualdad de género.

“Manifestarse a favor de los derechos de la mujer se ha convertido en una hermosa moda, pero esto no es una reivindicación transitoria. Es una muestra de la madurez de la sociedad y un gran salto hacia la libertad. Libertad es tener opciones, y ese es nuestro reclamo: más opciones y más oportunidades para las mujeres”, ha exigido la actriz.

La cercanía geográfica con Estados Unidos atrajo los ecos del me too, que se abordó durante los Platino de forma bastante más digna que en los Oscar. “En este siglo solo hay una revolución, y es la feminista”. Ya lo advirtió Arkano en su free style, pero no ha sido la única demanda que se ha vindicado desde Playa del Carmen.

El apoyo a la víctima de la Manada desde España, a la heterogénea identidad latina y española (con una especial mención a Catalunya y Euskadi de Javier Olivares), y a las familias de los muchachos asesinados por los cárteles desde México han sido algunos de los discursos más aplaudidos de la noche. 

Este último, de hecho, ha puesto en pie al auditorio de Xcaret gracias a la emotiva intervención de la ganadora del Platino de Honor, Adriana Barraza. “Me uno a la enérgica petición a nuestros gobernantes de que paren ya, y de que haya justicia para cada uno de los jóvenes asesinados en este mi querido país. Como ser humano, lamento que hayamos perdido la oportunidad de ver qué querían plasmar en el cine. Dedico este premio platino a los alumnos que ya no están, pero también a los que sí están y pisan fuerte”, ha dicho la venerada intérprete mexicana. 

Más allá de dedicar una noche a la promoción y difusión del cine iberoamericano, y al mutuo conocimiento de una veintena de industrias, lo más valioso de los premio Platino ha salido de sus micrófonos. Esta noche nos ha brindado la oportunidad de conocer las miserias de cada lado del Atlántico y de afinar la empatía a pesar de los kilómetros.