El fuerte San Cristóbal revive 80 años después con homenaje la fuga de presos

Cientos de personas han rendido hoy un emocionado homenaje a los 800 presos que hace 80 años participaron en una masiva fuga, muchos de los cuales murieron por disparos mientras huían o fusilados después tras ser capturados, y a los miles que estuvieron recluidos en el fuerte de San Cristóbal.

El acto, que desde hace años organiza la asociación Txinparta para conmemorar la fuga de los presos republicanos el 22 de mayo de 1938, ha tenido hoy especial emotividad al cumplirse su 80 aniversario, al que se llega con un trabajo de años en favor de la recuperación de los restos de los fugados y de su identificación, al que el Gobierno de Navarra se ha sumado en los últimos años.

La presencia de la consejera de Relaciones Ciudadanas e Institucionales, Ana Ollo, ha sido de nuevo la evidencia de un apoyo que en los últimos años se ha materializado en la exhumación de 43 cuerpos de presos fugados, la creación de un banco de ADN para cotejar sus identidades con familiares o el impulso de iniciativas culturales y divulgativas para transmitir lo ocurrido.

Se trata de “romper con ese pasado de silencio y olvido que durante décadas ha habido en las instituciones”, que han llegado “tarde” a este espacio, en el que asociaciones y organismos memorialistas han hecho un trabajo que hoy permite hablar del “liderazgo de Navarra en políticas públicas de memoria”, ha dicho la consejera.

El acto ha contado con varias actuaciones musicales y de otros emotivos gestos, como la colocación en el suelo, alrededor de las flores conmemorativas, de botellas de vidrio con los nombres de los 14 presos fusilados por ser los supuestos instigadores de la fuga masiva de San Cristóbal en 1938.

Las botellas recuerdan a las aparecidas junto a los cadáveres de muchos de los presos fallecidos tras aquel suceso o a causa de enfermedades y que fueron enterrados en cementerios o fosas cercanas al lugar junto a estos recipientes de vidrio que contenían un papel con el nombre que identificaba al cadáver.

Al lugar hoy se han acercado numerosos navarros pero también familias llegadas desde otros lugares de España, como la de Antonio Escudero, de Valladolid, fusilado al ser considerado uno de los instigadores de la fuga.

Su sobrino-nieto, del mismo nombre, ha reivindicado hoy su memoria y la de toda su familia más cercana que entonces sufrió su pérdida y su descrédito, porque Antonio fue “un joven valiente, honesto con sus orígenes humildes y con sus ideas de igualdad, justicia y libertad”, ha dicho.