El ADN, clave para resolver mentiras o verdades sobre la paternidad

La revolución en genética forense de las últimas dos décadas, y, sobre todo, las tecnologías de los últimos dos años para analizar muestras de ADN está permitiendo conocer la verdad -o mentira- de supuestas paternidades no reconocidas, casos de muy difícil resolución y antes inabordables, como el de Dalí.

Las pruebas biológicas han demostrado que Pilar Abel no es hija de Salvador Dalí, tal y como ella aseguraba en una demanda de paternidad que dio lugar a que un juez ordenara la exhumación del cadáver del pintor para recoger muestras de ADN.

Abel argumentaba que ella era fruto de la relación de su madre con Salvador Dalí en el verano de 1955, una afirmación que el análisis genético ahora ha rebatido.

Expertos en Medicina Legal y Forense, como José Antonio Lorente, catedrático de la Universidad de Granada, y Amparo Fernández, jefe del servicio de Biología del Instituto Nacional de Toxicología, explican a Efe cómo se puede llegar a la verdad genética que ofrece el análisis del ADN.

“El estudio del ADN exige que tengamos calidad y cantidad del mismo, y el paso del tiempo es lo que más afecta pero no es el único factor” a la hora de obtener una muestra útil para determinar una paternidad, comentan.

El caso del pintor Salvador Dalí parecía complicado desde el principio.

Su cadáver, sepultado en el Teatro-Museo Dalí de Figueras tras su fallecimiento el 23 de enero de 1989, está conservado mediante embalsamamiento, con lo que la obtención del ADN se presentaba más compleja, principalmente debido al formol utilizado, destacan los expertos.

Según Lorente, las sustancias aplicadas en el embalsamamiento tienen un impacto en la obtención de pruebas de ADN. El formol es una sustancia bactericida y su uso detiene durante periodos más o menos largos de tiempo la putrefacción y otros procesos que destruyen el cuerpo tras la muerte.

Aunque el formol desestructura la molécula de ADN, un proceso de embalsamamiento no llega a todos los tejidos de un cadáver en cantidad suficiente, por lo que es posible obtener una muestra con calidad “para un análisis de tipo forense como sería el caso de una paternidad”, según este forense.

“El cuerpo está formado por unos 30 billones de células y es imposible que el formol llegue a todas por perfusión”, sostiene Lorente, promotor del programa Fénix -sistema que usan las fuerzas de seguridad para contrastar el ADN de cadáveres no identificados con el de familiares de desaparecidos y que ha permitido identificar a más de mil personas-.

Respecto a la importancia del tiempo transcurrido, Amparo Fernández asegura que se ha obtenido ADN en hisopos bucales, uñas y pelos recogidos pocos días después de un embalsamamiento, y en periodos más largos hay que recurrir a piezas dentales y huesos.

El ADN para ser analizado “debe estar íntegro”, según sostiene Amparo Fernández junto a María Carmen González, facultativa de Servicio de Biología del Instituto Nacional de Toxicología.

Ello implica que aunque por la degradación esté parcialmente fragmentado, los fragmentos disponibles deben ser “amplificables”.

En ciencias forenses cada caso es un mundo diferente.

“Esa es la mayor dificultad” ya que apenas hay dos casos iguales, según Lorente, impulsor también del programa “DNA Pro Kids”, diseñado para evitar el tráfico de menores en el mundo y con el que se han identificado más de 1.200 niños que han sido devueltos con sus familias que los estaban buscando.