Catalanes en Reino Unido: así se vive entre el Brexit y la DUI

El cielo londinense está despejado y el sol brilla con fuerza, pero esto no es lo más inusual de la escena. Delante del Parlamento británico ondean esteladas y senyeras. Se entona L’estaca y una niña escala hacia la cumbre de un improvisado castell. La manifestación, hace unos días en Londres, pedía la libertad de los Jordis.

El INE dice que unos 284.000 catalanes viven en el extranjero. Y, aunque las cifras no son del todo fiables (puede haber muchos no registrados), cuenta 16.000 antiguos residentes en Cataluña que han declarado vivir en Reino Unido. De hecho, Reino Unido es el segundo país europeo, después de Alemania, con más catalanes. Unos catalanes que ahora lidian a la vez con el Brexit y el conflicto independentista. 

Samuel Rísquez tiene 33 años, es profesor de español y lleva en Reino Unido desde 2007. Allí tiene hecha su vida junto a su pareja, canadiense con pasaporte británico. Pero ahora se le complican las cosas. Dice que lo único que le provoca el futuro es inseguridad.

“Por un lado, aunque en principio debería poder quedarme en Londres, no está garantizado que aquí las cosas vayan a ir bien. Trabajo en el sector educativo y en universidades y ya veremos cómo aguanta el Brexit. Y por otro lado, en función de cómo se resuelva el conflicto catalán, veremos también cómo están las cosas allí. Ahora mismo es muy difícil tomar decisiones sobre el futuro porque es difícil predecir cómo será la vida en Londres o en Barcelona dentro de unos años”. 

La gestión –o falta de gestión– de la salida de Reino Unido de la Unión Europea está provocando que Rísquez cambie su postura con respecto a Gran Bretaña y hacia la Unión Europea. Contra la primera, porque no le gusta “el camino que está tomando el gobierno ni la falta de consideración hacia los trabajadores europeos que tanto hemos aportado”. Contra la UE por cuestiones similares, porque no cree que se estén preocupando “por la situación de los europeos en Reino Unido o de nuestras parejas”.

Por eso, aunque todavía no se sienten las repercusiones directas del Brexit, Rísquez y su pareja señalan que ya les está afectando psicológicamente y en sus planes de futuro.

Christian Clemares es arquitecto y lleva 15 años en Londres. La situación tanto en Reino Unido como en España le tiene preocupado pero principalmente indignado. Señala la falta de información a la hora de votar en el referéndum, cómo no se explicó qué implicaría la salida de la Unión Europea. “Desde la votación no ha habido una sola noticia positiva sobre el Brexit, todas son malas”. Además, señala que mucha gente joven que conoce “no votó porque no tenían ni idea de qué significaba”. 

“Si pudiera, haría las maletas y me iría de aquí. Pero tengo toda mi vida aquí y no es fácil. Estoy esperando a ver qué pasa, como todo el mundo”, explica Clemares, cansado de la situación en Reino Unido, y aún más ahora con lo que ocurre en España.

Clemares declara que él no era independentista, pero que la mala gestión del gobierno central ha conseguido que hasta gente como él quiera independizarse ya, enfatizando especialmente el “ya”.

Aun así, señala que para ello, “debería hacerse bien, con un referéndum legítimo y con una mayoría aplastante, superior al 70%”. “No creo en un referéndum de la mayoría mínima. Aquí ganó un 51% y la sociedad está dividida”, sostiene. Pero reconoce que “las amenazas del PP y los discursos del rey no ayudan en nada a la situación”. 

La fragmentación de la sociedad es un tema que parece preocupar a muchos, tanto en el caso británico como en el español. Marta Malagón tiene 26 años y lleva desde 2014 en Londres. A esta productora en un programa de radio le preocupa cómo en Reino Unido se está haciendo una distinción “entre ‘inmigrantes buenos’ e ‘inmigrantes malos’. “Hay mucho racismo hacia la gente del Este de Europa o la gente que está aquí trabajando de ‘barista’ o lo que aquí llaman unskilled jobs” (trabajos no cualificados)”.

Malagon no tiene reparos en decir que siempre ha sido independentista, cosa por la que últimamente le preguntan mucho en Reino Unido, pero también señala que ambos gobiernos lo están haciendo bastante mal. No votó en el referéndum, al no ser ni legal ni vinculante, pero ahora dice que tras ver lo ocurrido el 1 de octubre todo ha cambiado: “Si pudiera volver atrás, votaría y seguramente hubiera bajado a Barcelona a dar mi apoyo”.

Ella tiene claro que ambas partes tienen que hablar, que ni activar el artículo 155 ni la DUI van a solucionar nada. “Cataluña dice que muchísima gente quiere la independencia. España, que la mayoría silenciosa no. Esto solo se soluciona votando. Tienen que negociar y pactar un referéndum legal para que de una vez por todas se establezca qué quiere la gente”.

En otros casos, como el de Anna Plancheria, de 19 años, el problema del Brexit es más secundario. Lleva poco más de un año de au pair en Londres y no tiene intención de quedarse. En cambio, lo que está ocurriendo en casa, desde la distancia, sí que lo lleva bastante mal.

“Tengo a toda mi familia allí. Cualquier decisión que se tome respecto a eso me afecta y me preocupa, por mi futuro y el de mi gente”.

En el caso de otros, como el de Aleix Rosell, de 26 años y dos de ellos en Londres, el proceso por el que está pasando Reino Unido con el Brexit le ayuda a comprender la postura de los británicos de querer abandonar la Unión Europea. Dice que todo lo que está ocurriendo en España le produce una tristeza profunda, pero también cierta esperanza. “El miedo hace tiempo que se fue”, añade.

Se declara demócrata y señala que cree es “la única forma de gobierno para solucionar los problemas de una sociedad”. Lo ve muy claro, y pregunta: “¿Cuál es la manera de hacer la democracia factible? En el caso de Catalunya, poner las urnas y escuchar qué quiere el pueblo. Todo esto, no solo no debería ser ilegal, sino que debería ser de obligado cumplimiento”.