Adiós a la histórica sonda MESSENGER

Adiós a la histórica sonda MESSENGER

La sonda MESSENGER, exploradora del pequeño planeta Mercurio, llega al final de su vida. En su despedida se estrellará contra el planeta tras cuatro años de trabajo descubriendo los secretos de su superficie.

Fue la primera máquina que los seres humanos pusimos a orbitar sobre Mercurio, el planeta más cercano al Sol de nuestro sistema; y tras 11 años de misión por fin podrá descansar tras estrellarse contra la superficie de este planeta. El fin de la sonda MESSENGER llegará en unas horas, cuando se acabe su combustible. Esta es la mejor (y única) solución encontrada por la NASA para este satélite, el cual nos ha ayudado a descubrir muchos de los secretos que el pequeño planeta ha guardado durante milenios. Gracias a la sonda MESSENGER hemos podido comprender un poco mejor algunos aspectos de nuestro sistema solar hasta entonces desconocidos. Digamos adiós a este pequeño mensajero, el cual ha cumplido su trabajo con creces.

Los misterios de Mercurio

Mercurio siempre ha sido un lugar lleno de misterio. Su cercanía con el sol nos ha mantenido siempre siempre fascinados. ¿Qué puede ocurrir en un planeta de roca pura, extremadamente densa, y cuya superficie se calienta por encima de los 400ºC? La geología, la química y la física de este pequeño planeta tenía mucho que revelar sobre los orígenes de otros planetas; como el nuestro. La superficie de Mercurio es de las más antiguas del sistema solar, apenas modificada desde el gran bombardeo que sufrió 4000 millones de años atrás. Tras la llegada de la sonda MESSENGER a su órbita, en 2011, descubrimos que su corteza es más rica químicamente de lo que pensábamos. Esto se deduce de la inquietante imagen que presentan algunas zonas como la llamada “araña” o el “Terreno Extraño”, en las que se presentan formaciones geológicas que no parecen concordar con lo que esperaríamos de una superficie yerma. De hecho, gracias al trabajo de la sonda MESSENGER y otras posteriores ahora sabemos que probablemente muchos de los grandes huecos que vemos en Mercurio se deban a materiales que se han evaporado tras ser calentados por el sol.

sonda MESSENGER

La araña, en Mercurio. Fuente: NASA.

Uno de los grandes descubrimientos de la MESSENGER fue la existencia de hielo en Mercurio, algo que pensábamos que sería imposible. Pero ahí está, escondido en algunas de las simas más profundas del planeta, donde nunca ilumina el sol, ya que sería imposible encontrarlas en otro lugar del planeta. Gracias a la sonda MESSENGER ahora sabemos que el planeta es más pequeño de lo que parecía, además de las rarezas de su agujereada superficie llena de cráteres. De hecho, Mercurio es uno de los planetas que más ha costado investigar debido a su velocidad, ya que se mueve mucho más rápido que la Tierra. Para poder llegar hasta él, una nave espacial debería desplazarse a unos 104.607 km/h. Por si esto fuera poco, al estar tan cerca del sol, el calor es capaz de acabar con el más duro de los robots, por lo que la sonda MESSENGER fue diseñada con una capa cerámica protectora especial.

Adiós, sonda MESSENGER

El proyecto, que ha costado varios cientos de millones de dólares, terminará con la sonda MESSENGER estampándose a más de 14.000 km/h. Con este golpe, el satélite se convertirá en un cráter más de Mercurio, el cual se espera que medirá por lo menos unos 16 metros. Esto es ínfimamente más pequeño que el resto de los surcos que decoran Mercurio, pero es un final apoteósico para una sonda que ha cubierto las necesidades de la NASA durante tres años más de lo que se esperaba. Su historia comienza en 2004, cuando se lanzó la sonda en busca de un planeta que por entonces era casi totalmente desconocido. Solo la Mariner 10, unos 30 años antes, había fotografiado la superficie de Mercurio con anterioridad, aunque esta otra sonda de los 70 no se quedó en el vecindario. Hubo que esperar hasta 2011 para explorar en profundidad a este planeta. Durante los siete años que duró el viaje, la sonda MESSENGER pasó por la tierra y hasta dos veces por Venus antes de poder llegar a su destino.

sonda MESSENGER

Montaje de la sonda MESSENGER. Fuente: NASA.

Esto se debe, básicamente, a que Mercurio, al moverse tan rápido, requiere varios ajustes de velocidad. Para poder aumentar la velocidad de la sonda sin gastar demasiado combustible usamos lo que se llaman “maniobras de asistencia gravitatoria”. Éstas aprovechan la gravedad de los planetas para hacer orbitar al satélite y coger empuje. Usando su “vela solar”, es decir, los paneles solares para obtener energía en forma de “presión” solar para frenar la sonda, finalmente consiguió llegar hasta mercurio tras varios años dando vueltas por el espacio interior de nuestro sistema. Durante su vida, la sonda MESSENGER ha capturado más de 250.000 fotografías y numerosos vídeos con los que hemos podido cartografiar la superficie de Mercurio con un detalle sin precedentes. Pero hoy hemos de decirle adiós, pues ya toca a su fin. Un fin espectacular, como no podía ser menos, en la superficie sobre la que ha estado trabajando durante tanto tiempo. Hasta siempre, MESSENGER.